Hace ya algún tiempo alguien me contó que aquellas personas que organizan su armario también están limpiando su alma.

En aquel momento no hice mucho caso a estas palabras, pero con el transcurso de los años, he podido constatar que tienen mucho más sentido del que creía.

Por eso, hace unos días, mientras leía el bestseller La magia del Orden de la gurú del orden japonesa Marie Kondo, comprendí que el estado de nuestra alma está ligado, en cierta manera, al estado de nuestro armario. Abrir nuestro armario y abrir nuestra alma para hacer limpieza y ordenar nuestros sentimientos y prendas puede ser una misma acción.

Marie dice que nos quedemos solo con lo esencial, con aquello que realmente nos hace felices y nos emociona. Que para poner orden y organizar la casa primero hay que deshacerse de cosas, aunque a veces duela. En mi opinión, lo mismo ocurre con nuestra alma y nuestra vida.  No debemos tener miedo a dejar de lado aquello que en un momento nos sirvió pero que ahora ya no nos favorece. Con gratitud, por los buenos momentos compartidos, le decimos adiós sin apegos.

Eliminemos de nuestra mente esos pensamientos que no nos sientan bien, a la vez que nos deshacemos de esas prendas que cuelgan apelotonadas de las perchas y que llevan ahí, sin tocar,  desde la temporada anterior. ¿De verdad creemos que si no nos las pusimos la temporada pasada, nos las vamos a volver a poner?

Valoremos el tener nuestros armarios en orden. Solo con las prendas que realmente nos favorecen y utilizamos. Bien dobladas en vertical para ahorrar espacio, como nos enseña el método KonMari, organizadas por temporadas, por colores, colgadas en bonitas perchas con el suficiente espacio entre ellas para que no se arruguen y puedan respirar. Y no tengamos reparos en pedir ayuda si la necesitamos; el servicio de Fondo de Armario de ¡Ajajá! Planes Perfectos con Pilar Magaña está pensado para convertir nuestro armario y por lo tanto nuestra alma, en un lugar más adorable.